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Febrero del 2007
Aunque el lenguaje es hispano americano, se entiende todo bastante bien
A LOS PADRES MÁS MALOS DEL MUNDO
Tuve los padres más malos del mundo, mientras que los otros niños podían desayunar un refresco y unas papas, yo tenía que comer huevos, fruta, pan tostado, jugo y leche.
Parecía encarcelado, mis padres insistían en saber donde y con quien estaba. Mi madre no me permitía ver televisión o jugar a la Nintendo toda la tarde; me obligaba a hacer la tarea, leer, estudiar o cosas tan horribles como lavar trastes, asear al perro, tender mi cama, etc., parecía que en las noches ellos planearan la serie de actividades que me pondrían al día siguiente.
Insistían en que no dijera malas palabras, que saludara, que respetara a mis mayores. Que fuera atento, que hablara con la verdad y nada más que la verdad.
Cuando llegué a la adolescencia mi vida se tornó aún más miserable, tenía que solicitar permiso con tiempo, dar uno y mil detalles de con quien, cuando y como sería el evento al que asistiría. Mis amigos no podían llegar a casa y únicamente tocar el claxon, ya que tenían que ser identificados por mis padres.
Mientras esto sucedía yo contemplaba fascinado como los padres de otros niños daban permisos, concesiones y costosos regalos. Pedro tenía apenas 12 años y ya contaba con su propia moto para desplazarse a donde quisiera, Pepe a los 13 años ya manejaba el auto de sus padres para irle a comprar cigarros, Juan iba y venía sin avisar y sólo contaba con 11 años. Realmente yo pensaba que todos ellos eran más felices que yo; podían disponer de sus vidas sin trabas ni ataduras; no era necesario llegar a casa a comer, ni avisar si llegarías tarde. El ruido ensordecedor de la moto de Pedro despertaba y aturdía a los vecinos, él era realmente libre y feliz.
Pero pronto aprendí que eso no era lo mejor………… ya que al poco tiempo vi, con tristeza, que tantos regalos y concesiones no eran más que formas para deshacerse de ellos, ya que sus padres estaban muy ocupados haciendo dinero, socializando o tan solo divirtiéndose, olvidándose que tenían hijos a los cuales deberían educar, por los cuales se deben de responsabilizar; el que falten al respeto de los vecinos, insulten a la gente, roben y no estudien, no los va a conducir a nada positivo.
A veces pienso que si Pedro hubiera tenido unos padres malos como los míos, no se hubiera estrellado aquel domingo, Pepe no habría atropellado a aquel niño y Juan no estaría en el Tutelar para Menores por robo.
El tener unos padres como los míos me ha obligado a ser un joven responsable conmigo mismo y con la sociedad en la que vivo. Me he concientizado que debo respetar a otros, estudiar para llegar a ser alguien y, sobre todo, no querer adelantarme a mi edad; ya llegará el momento en que pueda manejar criterio y madurez para conducir mi vida como yo lo considere.
Gracias papás por haberse preocupado por mí, por enseñarme a vivir responsablemente; ésta, les aseguro, es la mejor forma de demostrar el inmenso amor que me tienen. Gracias por ser los padres más malos del mundo.
CON AMOR, VUESTRO HIJO
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Una madre especial
La fuerza del amor materno te impulsará a ser un modelo de paciencia, serenidad y alegría perdurables.
Por Sheila Morataya-Fleishman
Es innegable que la influencia paterno-materna deja la huella más significativa y permanente en la formación humana, por ser la primera que recibe el hijo, por la extensión e intensidad de su acción, y por el hondo matiz afectivo con que se imprime en la vida de los hijos.
La época de luces, tecnología y comunicación en la que vivimos, así como la rapidez con la que se vive, muchas veces nos adormece la conciencia e impide detenernos a pensar con más rigor en las actitudes que los padres y madres de hoy necesitamos asumir para educar un ser humano.
Reflexionar sobre nuestro propio ideal
¿Cuál es el ideal de los adultos de hoy? Es triste decirlo, pero el ideal de muchas mujeres, como tu y como yo, es bastante frívolo. Queremos varios títulos universitarios, una casa más grande y otra de campo, un nombre que suene en la sociedad y retirarnos a edad joven para disfrutar de la vida.
Hay muchas que vivimos comprando todo lo que el consumismo nos ofrece, pasando horas enteras frente al televisor viendo programas que no son lo mejor para el alma y la salud mental. Además de esto, a veces te sientes como deprimida y hueca por dentro.
Todo esto indica una pérdida del verdadero ideal, ese que constituye el impulso y sentido de tu existencia. El que te mueve a fomentar el amor hacia el ser humano y su formación para la vida. Amiga, ¿cuál es tu ideal en este tiempo que debes dedicarte a la educación de tus hijos? ¿Está tu ideal orientado hacia la generosidad o el egoísmo?
Abrir y cerrar puertas
Cuando te conviertes en madre es preciso cerrar algunas puertas y abrir otras, todo con el objeto de hacer un trabajo magnífico en esas almas y mentes que se nos da el privilegio de educar.
Ahora que eres madre te has convertido en el modelo y espejo en el que tus hijos empezarán a proyectarse, por lo tanto, cierra la puerta del desgano, de la pereza, del mal humor, de la impaciencia, de la queja, de la mediocridad y sobre todo la de las peleas con tu pareja.
Debes abrir todas aquellas puertas que te lleven y hagan conocer a tus hijos lo que es la felicidad: la paciencia, la bondad, el sentido del humor, la armonía, la unidad, el ahorro, la virtud, la excelencia y unidad entre la pareja.
Aplicaciones para tu vida diaria al cerrar puertas.
El consumismo en tu vida. Cada vez que salgas de compras deberás hacer una lista de aquello que vas a comprar y limitarte a comprar únicamente eso. El ejemplo para tus hijos: "mamá es una mujer que no despilfarra el dinero, tiene un dominio interno muy grande ya que cada vez que sale de compras adquiere solo aquello que lleva escrito en su lista". Actitud que tendrá el niño: -cuando sea grande- haré la lista como mamá.
La queja constante. Cuando quieras quejarte porque tu esposo no te presta la atención debida y estas a punto de estallar al verlo llegar, ¡lánzate encima y dile cuanto lo quieres!. El ejemplo para tus hijos: "mamá es una mujer que ama de una forma volcada hacia el otro. Cada vez que viene papá se lo come a besos". Actitud que tendrá el niño: -cuando crezca, quiero amar así al hombre o la mujer de mi vida-. Mi mamá me lo enseño.
Enojarse por todo. Cada vez que este vicio aparezca, reza un Ave María, luego sonríe y entonces decide si quieres seguir enojada o manifestar ese enojo. El ejemplo para tus hijos: "Raramente vemos enojada a nuestra mamá, la casa siempre esta llena de alegría. Es una suerte tenerla en nuestra vida. Actitud que tendrá el niño: "hay que tener dominio de las emociones, como lo tiene mi mamá. No ha sido fácil para mi dominar este temperamento, pero observando a mi mamá día tras día, ahora soy un experto."
Aplicaciones para tu vida diaria al Abrir puertas.
La paciencia. Te tomarás el tiempo necesario para alimentar a tu hijo, mirando directamente a sus ojos, sin distraerte con la televisión o haciendo cualquier otra cosa. Ese contacto le dice al niño que toda tu persona y atención le pertenecen, que tu tiempo es su tiempo... El ejemplo para tus hijos: Desde muy pequeño recuerdo como era de paciente mi mamá conmigo, al alimentarme, al enseñarme, al corregirme. Nunca la vi desencajarse. La Actitud del niño: "En la vida mi mamá me enseño a tener paciencia".
La unión con tu pareja. Cada vez que tu esposo llegue del trabajo abrirás los brazos al recibirlo, tendrás la más grande de las sonrisas y saldrás a su encuentro como si fuera tu primer día de casada. El ejemplo para tus hijos: "Es bonito como ama mamá a papá, aunque él llegue de mal humor, con su alegría lo hace olvidar el mal día que ha tenido. Actitud que tendrá el niño: "cuando sea grande yo también quiero amar así".
Querida amiga, la auténtica vocación del ser humano es la de crear modelos valiosos de vida y unidad. Es la de vivir, y enseñar a vivir a los otros de forma creativa y responsable. Un Nuevo tipo de hombres y mujeres deben surgir con tu ejemplo. Hombres y mujeres de profunda espiritualidad, con un nuevo sentido de libertad y con ideales que vibren ante su imponente fuerza, la fuerza que sólo puede dar el amor cuando es auténtico. Que eduques así a tus hijos
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Amistad Los elementos que forjan amistades para toda la vida.
La amistad es un valor universal. Está claro que difícilmente podemos sobrevivir en la soledad y el aislamiento. Necesitamos a alguien en quién confiar, a quién llamar cuando las cosas se ponen difíciles, y también con quien compartir una buena película. Pero ¿Qué es la amistad? ¿De qué se compone? ¿Cómo tener amistades que duren toda la vida?
Caerse bien Las amistades suelen comenzar de imprevisto, y muchas veces sin buscarlas. En el camino de la vida vamos encontrádolas. Y todo comienza porque alguien "nos cae bien".
Convicciones, sentimientos, gustos, aficiones, opiniones, ideas políticas, creencias, religión son algunos de las cosas en común que pueden hacer que nos hagamos amigos de alguien.
Sentirse a gusto con una persona, conversar y compartir sentimientos es el principio de eso que llamamos amistad.
Algo en Común Para que la amistad sea verdadera, debe existir algo en común y, sobre todo, estabilidad. El interés común puede ser una misma profesión, una misma carrera, un pasatiempo en común, y la misma vida nos va dando amigos. Dice el refrán Aficiones y caminos hacen amigos.
La amistad es un cariño, un apreciarse que promueve un dar, un darse y para ello es necesario encontrarse y conversar.
Después, con el tiempo, la amistad puede desarrollarse en profundidad y en extensión mediante el trato, el conocimiento y el afecto mutuos.
La amistad no puede desarrollarse sin estabilidad. Por eso cuando dejamos de ver durante muchos años a nuestros amigos, a veces nos enfrentamos a que parecen personas totalmente diferentes, o simplemente no se pasa de un diálogo superficial que deja un mal sabor de boca. La amistad es algo que requiere estabilidad en el trato.
Tratarse Conocer bien al amigo es saber de su historia pasada, de sus quehaceres actuales y de sus planes futuros; y del sentido que da a su vida, de sus convicciones; y de sus gustos y aficiones, y de sus defectos y virtudes. Es saber de su vida, de su forma de ser, de comprenderse; es... comprenderle.
Comprender al amigo es meterse en su piel y hacerse cargo.
Desinterés Para que una amistad sea verdadera, no basta con carse bien, hay que dar el paso definitivo: ayudarse desinteresadamente, sin esperar nada a cambio. Al amigo se le quiere porque él es él y porque yo soy yo. La amistad se orienta hacia el tú y consiste más en un servir que en un sentir.
No es amigo ni el compañero ni el camarada. Tampoco es amigo que el busca aprovecharse del otro. La amistad no es comercio de beneficios.
La veradera amistad es, en gran medida, servicio afectuoso y desinteresado.
Vale la pena Ser amigo de verdad no es fácil, pero vale la pena el esfuerzo. Es un gozo tener amigos de verdad: estar con ellos, charlar, ayudarle o ser ayudad y disfrutar y alegrase con ellos ¡poder contar con ellos! Aunque cueste, vale la pena el esfuerzo que requiere ser un amigo.
Tenerse confianza
No solamente se cree lo que dice el amigo, hay que creer en él. Tener confianza en el amigo significa que tenemos la seguridad moral de que responderá favorablemente a as esperanzas de amistad que depositemos en él.
La confianza mutua hace posible la autenticidad.
Dar. Darse. La generosidad nos ayuda y facilita el dar que es esencial en la amistad. El dar y el darse es esencial en la amistad. El amigo de verdad es generoso y da. Da sus cualidades, su tiempo, sus posesiones, sus energías, sus saberes. Y lo hace para procurar ayduar efeicazmente al amigo.
Debemos mirar genersoamente, con respeto y con cariño. El egoísmo se opone radicalmente a la amistad.
Un acto de generosidad especilamente difícil es el perdonar. Debemos comprender y saber los motivos de una acción que nos ha hecho daño. Saber perdonar es propio de almas sabias y generosas.
Ser leales No hay riqueza más valiosa que un buen amigo seguro. Ser leal supone ser persona de palabra, que responda con fidelidad a los compromiso que la amistad lleva consigo. Leales son los amigos que son nobles y no critican, ni murmura, que no traicionan una confidencia personal, que son veraces. Son veraders amigos quienes defienden los interes y el buen nombre de sus amigos.
Ser leal también es hablar claro, ser franco. Debemos también ser leales en corregir a un amigo que se equivoca.
Ser agradecidos Dice un refrán que "El agradecimiento es el más efímero de los sentimientos humanos" y con mucha frecuencia parece tener razón. La gratitud es propia de los verdaderos amigos.
¿Cuántas veces nos hemos sentido mal con un amigo porque no ha sido agradecido del tiempo que le damos? Nosotros debemos agradecerle su tiempo, los buenos ratos que nos hace pasar, su ayuda cuando nos sentimos mal. A nosotros nos gustaría que una amistad nos dijera "gracias", demos entonces nosotros el primer paso.
Un enemigo mortal El Yo es un enemigo mortal de la amistad. El orgullo y el egoísmo no caben en la amistad. El orgulloso no mira más allá de su persona, de sus propias cualidades,d e sus intereses. No es capaz de ayudar a nadie.
Mantener las amistades Las amistades se cultivan, maduran. Es fácil hacer amigos, pero es mucho más difícil mantenerlos. La vida pone a prueba la generosidad, la lealtad, el agradecimiento, y no siempre se sale bien de ella. De aquellos amigos de la universidad, poco a poco la lista se hará menor. De un grupo de 30 o 40 amigos, acabarán quedando, para toda la vida 3 o 4.
Hacer nuevos amigos El hecho de que alguien no tenga muchos amigos no es algo que deba permanecer así. El cultivar aficiones o asistir a alguna clase que nos interese es uno de los mejores medios para hacer amigos. Una cosa maravillosa de la amistad, es que incluso la gente más tímida puede hacer amistad ¡Con otros tan tímidos como ellos mismos! Hacer nuevos amigos es abrir horizontes. Si alguna vez algún amigo nos ha pagado mal, no significa que ocurra así con todo el mundo. Lo peor que puede hacer cualquiera es cerrarse.
Las amistades cambian Un punto fundamental al entender la amistad, es que las personas ni somos perfectas y cambiamos poco a poco, es decir, que no siempre encontraremos un "solo mejor amigo". Habrá quien comparta con nosotros nuestras aficiones, otro quizá nuestros problemas, otro nuestros sueños. Querer buscar que una sola persona llene todas nuestras necesidades de amistad es algo que podría llegar a ser una utopía. Además ¿Quién dijo que no se pueden tener varios amigos? ¿Amistad o complicidad? Así como la amistad sana es un valor esencial para nuestras vidas, el tener una amistad con la persona equivocada puede serla fuente de muchos dolores de cabeza. Problemas de droga, delincuencia, baja en el desempeño profesional, problemas familiares son unos cuantos efectos de las malas amistades. La amistad es compartir, pero no es complicidad. También es importante recordar que somos personas individuales, con una conciencia individual. El hecho de que tal o cual amistad "lo haga", no significa que nosotros debemos hacerlo. Tampoco podemos esconder nuestra conciencia individual en una conciencia "compartida". Es el caso típico de alguien que se mete en problemas serios porque salió con los amigos y se perdió el control. "Más vale solo que mal acompañado" es un adagio que, de haber sido practicado a tiempo, podría haber evitado muchos problemas.
Conclusión
La amistad es tan importante para el desarrollo humano, su estabilidad y el mejoramiento de la sociedad que es un verdadero valor, que debemos cuidar y fomentar.
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Aunque resulta un poco largo creo que se lee muy bien y puede dar ideas del por qué de algunas actuaciones de los hijos
CÓMO LOGRAR UNA AUTORIDAD POSITIVA
Tener autoridad, que no autoritarismo, es básico para la educación de nuestros hijos. Debemos marcar límites y objetivos claros que le permitan diferenciar qué está bien y qué está mal, pero uno de los errores más frecuentes de padres y madres es excederse en la tolerancia. Y entonces empiezan los problemas. Hay que llegar a un equilibrio, ¿cómo conseguirlo para tener autoridad?
En una de las primeras charlas que di a un grupo de padres de un parvulario, una madre levantó la mano y me preguntó:
- ¿Qué hago si mi hijo está encima de la mesa y no quiere bajar?
- Dígale que baje, - le dije yo.
- Ya se lo digo, pero no me hace caso y no baja- respondió la madre con voz de derrotada.
- ¿Cuántos años tiene el niño?- le pregunté.
- Tres años - afirmó ella.
Situaciones semejantes a ésta se presentan frecuentemente cuando tengo ocasión de comunicar con un grupo de padres. Generalmente suele ser la madre quien pone la cuestión sobre la mesa aunque estén los dos. El padre simplemente asiente, bien con un silencio cómplice, bien afirmando con la cabeza, porque el problema es de los dos, evidentemente.
¿Qué ha pasado para que en tan pocos meses una pareja de personas adultas, triunfadoras en el campo profesional y social, hayan dilapidado el capital de autoridad que tenían cuando nació el niño?
Actuaciones paternas y maternas, a veces llenas de buena voluntad, minan la propia autoridad y hacen que los niños primero y los adolescentes después no tengan un desarrollo equilibrado y feliz con la consiguiente angustia para los padres. El padre o la madre que primero reconoce no saber qué hacer ante las conductas disruptivas de su pequeño y que, después, siente que ha perdido a su hijo adolescente, no puede disfrutar de una buena calidad de vida, por muy bien que le vaya económica, laboral y socialmente, porque ha fracasado en el "negocio" más importante: la educación de sus hijos.
¿Cuáles son los errores más frecuentes que padres y madres cometemos cuando interaccionamos con nuestros hijos?
Antes de que siga leyendo, quiero advertirle que, posiblemente, usted, como todos -yo también- en alguna ocasión ha cometido cada uno de los errores que se apuntan a continuación. No se preocupe por ello. No es un desastre. Es lo normal en cualquier persona que intenta educar TODOS LOS DIAS. Tiene su parte positiva. Quiere decir que intenta educar, lo cual ya es mucho. En educación lo que deja huella en el niño no es lo que se hace alguna vez, sino lo que se hace continuamente. Lo importante es que, tras un periodo de reflexión, los padres consideren, en cada caso, las actuaciones que pueden ser más negativas para la educación de sus hijos, y traten de ponerles remedio.
Estos son los principales errores que, con más frecuencia, debilitan y disminuyen la autoridad de los padres:
- La permisividad. Es imposible educar sin intervenir. El niño, cuando nace, no tiene conciencia de lo que es bueno ni de lo que es malo. No sabe si se puede rayar en las paredes o no. Los adultos somos los que hemos de decirle lo que está bien o lo que está mal. El dejar que se ponga de pie encima del sofá porque es pequeño, por miedo a frustrarlo o por comodidad es el principio de una mala educación. Un hijo que hace "fechorías" y su padre no le corrige, piensa que es porque su padre ni lo estima ni lo valora. Los niños necesitan referentes y límites para crecer seguros y felices.
- Ceder después de decir no. Una vez que usted se ha decidido a actuar, la primera regla de oro a respetar es la del no. El no es innegociable. Nunca se puede negociar el no, y perdone que insista, pero es el error más frecuente y que más daño hace a los niños. Cuando usted vaya a decir no a su hijo, piénselo bien, porque no hay marcha atrás. Si usted le ha dicho a su hijo que hoy no verá la televisión, porque ayer estuvo más tiempo del que debía y no hizo los deberes, su hijo no puede ver la televisión aunque le pida de rodillas y por favor, con cara suplicante, llena de pena, otra oportunidad. Hay niños tan entrenados en esta parodia que podrían enseñar mucho a las estrellas del cine y del teatro. .
En cambio, el sí, sí se puede negociar. Si usted piensa que el niño puede ver la televisión esa tarde, negocie con él qué programa y cuanto rato.
- El autoritarismo. Es el otro extremo del mismo palo que la permisividad. Es intentar que el niño/a haga todo lo que el padre quiere anulándole su personalidad. El autoritarismo sólo persigue la obediencia por la obediencia. Su objetivo no es una persona equilibrada y con capacidad de autodominio, sino hacer una persona sumisa, esclavo sin iniciativa, que haga todo lo que dice el adulto. Es tan negativo para la educación como la permisividad.
- Falta de coherencia. Ya hemos dicho que los niños han de tener referentes y límites estables. Las reacciones del padre/madre han de ser siempre dentro de una misma línea ante los mismos hechos. Nuestro estado de ánimo ha de influir lo menos posible en la importancia que se da a los hechos. Si hoy está mal rayar en la pared, mañana, también.
Igualmente es fundamental la coherencia entre el padre y la madre. Si el padre le dice a su hijo que se ha de comer con los cubiertos, la madre le ha de apoyar, y viceversa. No debe caer en la trampa de: "Déjalo que coma como quiera, lo importante es que coma".
- Gritar. Perder los estribos. A veces es difícil no perderlos. De hecho todo educador sincero reconoce haberlos perdido alguna vez en mayor o menor medida. Perder los estribos supone un abuso de la fuerza que conlleva una humillación y un deterioro de la autoestima para el niño. Además, a todo se acostumbra uno. El niño también a los gritos a los que cada vez hace menos caso: Perro ladrador, poco mordedor. Al final, para que el niño hiciera caso, habría que gritar tanto que ninguna garganta humana está concebida para alcanzar la potencia de grito necesaria para que el niño reaccionase.
Gritar conlleva un gran peligro inherente. Cuando los gritos no dan resultado, la ira del adulto puede pasar fácilmente al insulto, la humillación e incluso los malos tratos psíquicos y físicos, lo cual es muy grave. Nunca debemos llegar a este extremo. Si los padres se sienten desbordados, deben pedir ayuda: tutores, psicólogos, escuelas de padres...
- No cumplir las promesas ni las amenazas. El niño aprende muy pronto que cuanto más promete o amenaza un padre/madre menos cumple lo que dicen. Cada promesa o amenaza no cumplida es un girón de autoridad que se queda por el camino. Las promesas y amenazas deber ser realistas, es decir fáciles de aplicar. Un día sin tele o sin salir, es posible. Un mes es imposible.
- No negociar. No negociar nunca implica rigidez e inflexibilidad. Supone autoritarismo y abuso de poder, y por lo tanto incomunicación. Un camino ideal para que en la adolescencia se rompan las relaciones entre los padres y los hijos.
- No escuchar. Dodson dice en su libro El arte de ser padres, que una buena madre -hoy también podemos decir padre- es la que escucha a su hijo aunque esté hablando por teléfono. Muchos padres se quejan de que sus hijos no los escuchan. Y el problema es que ellos no han escuchado nunca a sus hijos. Los han juzgado, evaluado y les han dicho lo que habían de hacer, pero escuchar... nunca.
- Exigir éxitos inmediatos. Con frecuencia, los padres tienen poca paciencia con sus hijos. Querrían que fueran los mejores... ¡ya!. Con los hijos olvidan que nadie ha nacido enseñado. Y todo requiere un periodo de aprendizaje con sus correspondientes errores. Esto que admiten en los demás no pueden soportarlo cuando se trata de sus hijos, en los que sólo ven las cosas negativas y que, lógicamente, "para que el niño aprenda" se las repiten una y otra vez.
Sin embargo, una vez que sabemos lo que hemos de evitar, algunos consejos y "trucos" sencillos pueden aligerar este problema, ofrecer un desarrollo equilibrado a los hijos y proporcionar paz a las personas y al hogar. Estos consejos sólo requieren, por un lado, el convencimiento -muy importante- de que son efectivos y, por otro, llevarlas a la práctica de manera constante y coherente.
Algunas de estas técnicas ya han sido comentadas al hablar de los errores, y ya no insistiré en ellas. Me limitaré a enunciar brevemente, actuaciones concretas y positivas que ayudan a tener prestigio y autoridad positiva ante los hijos:
- Tener unos objetivos claros de lo que pretendemos cuando educamos. Es la primera condición sin la cual podemos dar muchos palos de ciego. Estos objetivos han de ser pocos, formulados y compartidos por la pareja, de tal manera que los dos se sientan comprometidos con el fin que persiguen. Requieren tiempo de comentario, incluso, a veces, papel y lápiz para precisarlos y no olvidarlos. Además deben revisarse si sospechamos que los hemos olvidado o ya se han quedado desfasados por la edad del niño o las circunstancias familiares.
- Enseñar con claridad cosas concretas. Al niño no le vale decir "sé bueno", "pórtate bien" o "come bien". Estas instrucciones generales no le dicen nada. Lo que sí le vale es darle con cariño instrucciones concretas de cómo se coge el tenedor y el cuchillo, por ejemplo.
- Dar tiempo de aprendizaje. Una vez hemos dado las instrucciones concretas y claras, las primeras veces que las pone en práctica, necesita atención y apoyo mediante ayudas verbales y físicas, si es necesario. Son cosas nuevas para él y requiere un tiempo y una práctica guiada.
- Valorar siempre sus intentos y sus esfuerzos por mejorar, resaltando lo que hace bien y pasando por alto lo que hace mal. Pensemos que lo que le sale mal no es por fastidiarnos, sino porque está en proceso de aprendizaje. Al niño, como al adulto, le encanta tener éxito y que se lo reconozcan.
- Dar ejemplo para tener fuerza moral y prestigio. Sin coherencia entre las palabras y los hechos, jamás conseguiremos nada de los hijos. Antes, al contrario, les confundiremos y les defraudaremos. Un padre no puede pedir a su hijo que haga la cama si él no la hace nunca.
- Confiar en nuestro hijo. La confianza es una de las palabras clave. La autoridad positiva supone que el niño tenga confianza en los padres. Es muy difícil que esto ocurra si el padre no da ejemplo de confianza en el hijo.
- Actuar y huir de los discursos. Una vez que el niño tiene claro cual ha de ser su actuación, es contraproducente invertir el tiempo en discursos para convencerlo. Los sermones tienen un valor de efectividad igual a 0. Una vez que el niño ya sabe qué ha de hacer, y no lo hace, actúe consecuentemente y aumentará su autoridad.
- Reconocer los errores propios. Nadie es perfecto, los padres tampoco. El reconocimiento de un error por parte de los padres da seguridad y tranquilidad al niño/a y le anima a tomar decisiones aunque se pueda equivocar, porque los errores no son fracasos, sino equivocaciones que nos dicen lo que debemos evitar. Los errores enseñan cuando hay espíritu de superación en la familia.
Todas estas recomendaciones pueden ser muy válidas para tener autoridad positiva o totalmente ineficaz e incluso negativa. Todo depende de dos factores, que si son importantes en cualquier actuación humana, en la relación con los hijos son absolutamente imprescindibles: amor y sentido común.
Educar es estimar, decía Alexander Galí. El amor hace que las técnicas no conviertan la relación en algo frío, rígido e inflexible y, por lo tanto, superficial y sin valor a largo plazo. El amor supone tomar decisiones que a veces son dolorosas, a corto plazo, para los padres y para los hijos, pero que después son valoradas de tal manera que dejan un buen sabor de boca y un bienestar interior en los hijos y en los padres.
El sentido común es lo que hace que se aplique la técnica adecuada en el momento preciso y con la intensidad apropiada, en función del niño, del adulto y de la situación en concreto. El sentido común nos dice que no debemos matar moscas a cañonazos ni leones con tirachinas. Un adulto debe tener sentido común para saber si tiene delante una mosca o un león. Si en algún momento tiene dudas, debe buscar ayuda para tener las ideas claras antes de actuar.
Pablo Pascual Sorribas Maestro, licenciado en Historia y logopeda.
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¿Es una virtud la frivolidad?
La frivolidad es la gran virtud postmoderna, consiste en no tomarse nada excesivamente en serio, en evitar la confrontación dialéctica. Para el frívolo no tiene sentido la diferencia entre lo esencial y lo accidental, entre lo categórico y lo anecdótico, pues todo ello forma parte del mismo universo insoportablemente leve.
Francesc Torralba Roselló
www.forumlibertas.com
Así están las cosas
La frivolidad es la gran virtud postmoderna. Consiste en no tomarse nada excesiva-mente en serio, en evitar la confrontación dialéctica, en optar por una cultura de la representación por contraposición a la autenticidad como actitud vital. La frivolidad se relaciona íntimamente con la actitud superficial y epidérmica, con la práctica generalizada de la broma y de la boutade, en definitiva, es la antítesis a la profundidad de espíritu y a la seriedad como actitudes vitales.
Algunos filósofos postmodernos, apologistas del denominado pensiero debole, consideran que es la gran virtud que debemos enseñar a los niños en las escuelas, que es fundamental para evitar la caída en formas de fanatismos, intolerancias o fundamenta-lismos, que se debe cultivar, para ello, un pensamiento frágil, desprovisto de ideas fuertes, de sentimientos que tengan hondura o de creencias excesivamente vividas. La frivolidad tiene que presidir la vida pública, las instituciones educativas y, como no, los ámbitos de comunicación de masas.
En concreto
Esta tesis, muy extendida y muy practicada, se está imponiendo sutilmente en distintos entornos, de tal modo que todo lo que tiene peso, sustancia, ideología, forma de convicción o de creencia, o bien tenga la expresión de un sentimiento intenso u hondo, debe ser ecualizado y tamizado por la virtud de la frivolidad.
En ocasiones, se la compara con la templanza, que es virtud cardinal en los tratados de moral tradicional y que, junto a la justicia, la prudencia y la fortaleza se consideraba uno de los cimientos de la construcción moral de la persona. Pero, la frivolidad nada tiene que ver con la templanza, porque la frivolidad es una elocuente expresión moral del relativismo y del permisivismo postmoderno, mientras que la templanza es la capacidad de dominar y de controlar la expresividad del pensamiento, de la vida emocional y del lenguaje, considerando las consecuencias que ello tiene para uno mismo y para el otro.
Enseguida "hace agua"
La templaza nunca jamás es una casualidad, sino que es el resultado de un esfuerzo articulado a lo largo de tiempo, de un entrenamiento espiritual que debe mucho a la tradición estoica de la tranquillitas animae. La templanza no se contrapone a las creencias ni a las convicciones, sino que regula racionalmente la expresión o manifestación de las mismas.
La apología de la frivolidad es, sin embargo, contradictoria. Se explica por reacción al fanatismo y a la barbarie, pero la solución a tales lacras sociales no pasa por el cultivo de la frivolidad, que es su opuesto, sino, por el cultivo de auténticas virtudes, entre ellas, la de la prudencia. Frente a tales manifestaciones, no basta con la tibieza moral, no basta con una actitud tímida y permisiva, sino que se debe adoptar una actitud beligerantemente activa, pero, eso sí, sin sucumbir a ningún tipo de violencia, ni físico, ni psíquico.
Menos mal que no
Es evidente que las convicciones pueden ser peligrosas y que un ser humano nutrido por determinadas convicciones de orden político, social, religioso o económico puede convertirse en un arma mortífera, pero no toda convicción es igualmente peligrosa. Además, la sociedad abierta, el mundo civilizado, el Estado de derecho, sólo pueden subsistir como tales si los ciudadanos que los integran viven en su interioridad una constelación de convicciones fundamentales como el respeto a la vida, a la libertad, a la igualdad, como el sentido de tolerancia y de solidaridad para con los grupos más vulnerables del cuerpo social.
La frivolidad no puede ser considerada como una virtud, porque no es un hábito que perfeccione al individuo, sino un mal hábito que, en ocasiones, tiene graves consecuencias. Acaso, ¿Se puede frivolizar el valor de la vida humana? ¿O el valor de la libertad de expresión, de pensamiento, de creencias o de asociación? ¿Se puede frivolizar el deber de tolerar al otro? ¿Se puede frivolizar o banalizar el mal del inocente, el sufrimiento de un ser humano? ¿Se puede banalizar la muerte de un ser amado?
Pero algo hay que hacer
La frivolidad puede tolerarse cuando lo que está en juego no afecta las estructuras, ni los ejes fundamentales del tipo de sociedades que hemos construido, pero cuando uno se ríe o banaliza determinados núcleos conceptuales o valores esenciales de la vida democrática, la frivolidad se convierte en una pesadilla. Para el frívolo no tiene sentido la diferencia entre lo esencial y lo accidental, entre lo categórico y lo anecdótico, pues todo ello forma parte del mismo universo insoportablemente leve. Y, sin embargo, no es así, pues no todo tiene el mismo valor en la vida humana. Además, el frívolo incurre en una contradicción lógica. Si es consecuente con su actitud, debe evitar de caer en la defensa beligerante de la frivolidad; tiene que ser igualmente frívolo y aceptar que otro pueda considerar frívolamente su frivolidad. Paradójicamente, se desarrollan apologías de la frivolidad con una intensidad y celo que no dejan de maravillarnos.
La sociedad futura depende, esencialmente, de los procesos educativos que ahora y aquí tienen lugar, en las familias y en las escuelas. No debemos permitir, de ningún modo, la extensión de la frivolidad, ni la imposición de un pensamiento débil a las generaciones venideras, sino que debemos comunicar las convicciones elementales, los valores morales mínimos, debemos garantizar su arraigo y su apropiación, pues sólo, de este modo, se puede esperar razonablemente calidad social, moral y política para nuestras sociedades futuras.
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Las personas que visiteis este blog encontraréis artículos relacionados con la familia, los hijos y aquellas virtudes que creo que son importantes para mejorar a nivel familiar y personalmente.
Me dedico a la enseñanza, tengo trato con familias a las que procuro orientar en su dificil tarea de educar, he realizado diversos cursos sobre tutoría, orientación, etc.
Todo esto no supone el que sea capaz de abarcar TODOS los campos que intervienen en la educación y mejora personal ni el ir elaborando artículos, sacados de mi propia experiencia o conocimientos, para ayudar a los que visiten el blog. Como recibo artículos de revistas especializadas, artículos creados por compañeros, .... he pensado que la mejor manera de poder ayudar a otros e ponerlos aquí.
En el apartado de autor quizás aparezca mi nombre, pero si vienen firmados prometo que irá el nombre del autor en el artículo, porque no pretendo apropiarme de unos artículos que no son míos.
Os agradezco de antemano los comentarios y opiniones sobre los artículos que vaya apareciendo ya que nos enriqueceran a todos.
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